La firma Akkodis, uno de los grandes en ofrecer soluciones inteligentes para industria, ha publicado un nuevo informe, “The capability curve: Building the next generation digital enterprise”, que revela un dato interesante: los trabajadores cada vez se sienten más cómodos usando IA, pero los directivos siguen poco confiados para escalarla.
En concreto, el 75 % de los empleados cree que sus jefes saben de IA —frente al 46 % del año anterior—, pero solo el 62 % de los líderes dice que está seguro de su estrategia de IA: una brecha de confianza de 20 puntos.
Esto son buenas noticias porque, en bastantes ocasiones, los empleados son una barrera clara a la hora de digitalizar una empresa o cambiar la forma de hacer sus tareas diarias.
En este caso, parece que los equipos ya están preparados para trabajar con IA.
Además, los trabajadores dicen ahorrar alrededor de dos horas al día gracias a estas herramientas, un tiempo que puede liberarse para creatividad, estrategia o tareas de mayor valor.
Si lo enfocas bien, la IA deja de ser un “experimento” y pasa a formar parte del núcleo operativo de la empresa.
Y ahí es donde empieza a tener un impacto real.
Debes liderar y gobernar tanto la tecnología como la forma en que preparas al equipo para utilizarla.
Si no existe compromiso o una estructura clara, los proyectos de IA pueden quedarse en simples pilotos sin llegar nunca a escalarse.
Automatizar sin redefinir el modelo de trabajo puede generar más caos.
Por eso, la inteligencia artificial debe integrarse en el modelo de negocio entendiendo el conjunto de la organización: sus procesos, sus personas, sus objetivos y la forma en que se toman decisiones.
La cuestión clave hoy no es únicamente “¿vamos a usar IA?”.
Más allá de la herramienta concreta que se elija, lo que importa es el liderazgo, la cultura y la forma en que se integra el cambio dentro de la organización.
Reflexión: los equipos pueden estar preparados para avanzar con la IA. Eso sí, que no seas tú quien lo frene.
Muchas veces es difícil ver más allá del día a día y, por eso, una opinión externa profesional puede abrir nuevas puertas y derribar esos muros que no dejan ver el horizonte. Cuéntanos que te preocupa, en qué crees que puedes mejorar, qué te traes entre manos… Si te apetece un café, es que estás preparado.